Grandes avances en estudios genéticos de pingüinos crestados

El CADIC alberga a uno de los pocos grupos que investigan los pingüinos penacho amarillo, declarados de interés por organismos internacionales de conservación.   (Publicado el 11 de julio de 2019)
Andrea Raya Rey, investigadora independiente del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET) y su dirigido, Nicolás Lois, becario del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA), participaron de una investigación publicada en noviembre pasado en la revista Scientific Reports. Se trata de una colaboración internacional para el estudio genético de los pingüinos crestados. “Los Eudyptes se distribuyen principalmente en islas subantárticas y este estudio incluye las especies Penacho Amarillo, Macaroni y Real”, describe Lois.
Los pingüinos crestados vienen sufriendo considerables mermas poblacionales atribuidas principalmente al cambio climático. En Malvinas, por ejemplo, desde la década del ´70 se perdió entre el 70 y el 80 por ciento de la población de Pingüinos Penacho Amarillo del Sur. De hecho, “esta especie está catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), y se declaró la importancia de su estudio y protección”, cuenta Raya Rey. No obstante, son estudiados por muy pocos equipos a nivel mundial, dentro de los cuales el CADIC tiene una gran relevancia.
“Utilizamos análisis genéticos que no se asocian a ningún rasgo físico de los pingüinos. Es decir que cuando encontramos diferencias en la información genética sabemos que son cambios que sucedieron al azar y nos permiten estimar la magnitud de las diferencias entre las poblaciones. Estas diferencias pueden ser sutiles y nos interesa saber cuál es la escala a la que se observan, lo que resulta sumamente valioso principalmente en relación a la conservación de especies vulnerables”, explica Lois.
Principales hallazgos
Hace tiempo se discute en la comunidad científica si dentro de los pingüinos Penacho Amarillo existen dos o tres especies. En este trabajo, los investigadores encontraron evidencias genéticas que apoyan que sea un complejo de tres especies. Sin embargo, no se encontró este tipo de diferenciación en las otras especies en estudio, los pingüinos Macaroni y Real. “Este hallazgo tiene grandes implicancias para la conservación de las especies. En este momento nos encontramos analizando en mayor detalle lo que sucede en las poblaciones del Océano Atlántico Sudoccidental, y los resultados hasta el momento refuerzan aún más esta separación.”, acota Raya Rey.
La segregación genética se produce luego de un transcurso prolongado de tiempo en el que diferentes colonias han estado sometidas a condiciones disímiles, sin tener contacto – o muy bajo – entre sí. Sin embargo estos pingüinos presentan una gran dispersión, son capaces de moverse grandes distancias, por lo que no sería esperable que se de este fenómeno. Lo que se observa en la naturaleza es que algunas especies presentan mayor diferenciación genética que otras, aún teniendo la capacidad de dispersarse entre poblaciones.
Una posible explicación puede encontrarse dentro de la propia investigación. Los frentes marinos aparecen como una fuerza limitante de la dispersión de especies que restringen el intercambio genético. Por ejemplo, existen especies que habitan al sur del Frente Polar Antártico y no las encontramos en el Frente Subtropical debido a las particularidades de cada masa de agua, especialmente en términos de temperatura, salinidad y, por ende, de los ecosistemas que se generan en cada una de ellas.
En el caso que individuos de una población cruzaran alguno de estos frentes y fundaran allí una colonia se verían sometidos a condiciones muy diferentes de las anteriores. De sobrevivir –gracias a la enorme plasticidad característica de estos pingüinos– y si no volvieran a cruzarse con individuos de sus colonias originales, podrían comenzar a diferenciarse hasta conformar una nueva especie. Esto está propuesto para otras especies de aves marinas pero aún no fue estudiado en el pingüino de penacho amarillo sino que es simplemente una hipótesis a analizar.
Conservación
Tal como se comentó al comienzo de la nota, los Pingüinos Crestados han sido declarados en su mayoría como especies vulnerables y, en algunos casos, en peligro de extinción, ya que se registran disminuciones continuas en sus poblaciones, su éxito reproductivo y la supervivencia en los primeros años son muy bajos. Esto, sumado a los numerosos cambios que viene sufriendo el entorno en el que viven, hace aún más importante establecer mejores pautas para su conservación.
En este sentido, la publicación en cuestión es muy relevante. “La biodiversidad se plasma en tres niveles: ecosistémico, poblacional y genético. Los estudios en este último nivel -que es el menos conocido- resultan claves a la hora de plantear estrategias de conservación. En el caso del Penacho Amarillo, en particular, es fundamental determinar si es un complejo de dos o tres especies, ya que el número de individuos de cada uno de estos grupos se modifica, con grandes implicancias en el grado de vulnerabilidad, lo cual ameritará redefinir o al menos repensar el estado de conservación de cada una de ellas. Si tenemos un número x de individuos-mil, por ejemplo- dividido en dos especies, cada una tendría un promedio de 500 ejemplares; mientras que si se dividen en tres especies, el número de pingüinos que integran cada una, se reducirá considerablemente y aumentará el riesgo de que alguna desaparezca”, explica Raya Rey.
“Los pingüinos crestados son muy plásticos a la hora de adaptarse a diferentes condiciones ambientales y de abundancias de presas, lo que constituye una característica favorable en el marco de cambio global actual. Estamos tratando de determinar el nivel de plasticidad de estos individuos en las diferentes colonias. Estos resultados acoplados a los genéticos, nos permitirán entender cuáles son las poblaciones más susceptibles e importantes para su conservación a nivel regional. Las colaboraciones internacionales permiten que trabajos a escala local y regional tengan también un impacto en la conservación de las especies a nivel global”, concluye Lois.
Datos para acceder al paper:
Bliografía:
Frugone, M. J., Lowther, A., Noll, D., Ramos, B., Pistorius, P., Dantas, G. P. M., … & Rey, A. R. (2018). Contrasting phylogeographic pattern among Eudyptes penguins around the Southern Ocean. Scientific reports, 8(1), 17481.
Link del artículo: DOI: 10.1038/s41598-018-35975-3
Por Mariela López Cordero-CADIC

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Yateí: la abeja nativa que cura, alimenta y conserva el ambiente

Su miel fue incorporada al Código Alimentario Argentino y se consolidará como un recurso genuino de las comunidades del norte del país. A través de la etnobiología, investigadores del CONICET estudian sus usos e importancia cultural.
(Publicado el 12 de julio de 2019)
Hasta hace pocos meses, el Código Alimentario Argentino indicaba que miel era el producto proveniente de las abejas obreras, haciendo referencia a la especie Apis mellífera, originaria de Europa y distribuida en todo el mundo. Una reciente modificación incorporó a esta categoría a la sustancia que producen las meliponas Tetragonisca fiebrigi, conocidas popularmente como yateí o rubita, convirtiéndola en un recurso genuino para múltiples comunidades del norte del país que crían y utilizan estos insectos desde hace varios siglos.
La miel de las abejas nativas sin aguijón es usada como medicina y como alimento, tanto por grupos de pueblos originarios como por descendientes de inmigrantes, según reportaron diversos estudios realizados durante la última década por investigadores del CONICET en distintas provincias. Además de resaltar su importancia cultural y nutricional, aseguran que mantener y valorizar la cría de meliponas podrá ayudar a la conservación del ambiente, mediante la preservación de fragmentos de bosques nativos que, a su vez, servirán de soporte para la recuperación de especies.

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El “Fantasma de los Andes” en serio peligro de extinción.

Gato Andino
(Ricardo Darín)
El “Fantasma de los Andes” en serio peligro de extinción: habita en Salta y es uno de los felinos menos conocidos.
La vida del Gato Andino y el trabajo de los investigadores del CONICET para la conservación de especies en peligro de desaparecer, fueron reflejados en una serie documental de Nat Geo. (Daniel Díaz)
El Gato Andino, “Brujo” o “Fantasma” de los Andes, es una especie que habita tradicionalmente en la zona cordillerana de Salta, Jujuy y Catamarca, aunque en los últimos años se detectaron algunas pequeñas poblaciones en Neuquén. Se trata tal vez de uno de los felinos menos conocidos, cuya subsistencia se encuentra seriamente amenazada por diversos factores. Poseedora de una belleza formidable, sus ejemplares se asemejan mucho a los gatos domésticos, aunque ostentan un porte mayor. Una de sus características más visibles es su enorme cola cilíndrica y felpuda, con anillos oscuros y gruesos que la circundan.
De acuerdo a los investigadores que conforman la Alianza Gato Andino (AGA), estos animalitos silvestres protagonizaban rituales o ceremonias mágico-religiosas en las comunidades andinas de origen quechua, atacameño y aymara. Las actividades se basaban en el uso de su piel. Aún hoy los pueblos cordilleranos relacionan a esta especie con la abundancia y el bienestar del ganado. El gato es, además, símbolo de fertilidad, protección y está estrechamente ligado a los espíritus de las montañas.
No es fácil verlo, ya que se moviliza y caza por las noches. De allí deriva el mote de “fantasma”. Es carnívoro y su dieta se basa casi exclusivamente en chinchillones, por lo que su nivel de conservación se torna muy sensible. Al ser un depredador y encontrarse en la cúspide de la pirámide alimentaria -según los científicos-, protegerlo es proteger también a las especies que se encuentran en toda la cadena.

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DÍA DE LA BANDERA

Azul índigo: el color que eligió Manuel Belgrano para una de sus primeras banderas
Expertos del CONICET analizaron la composición química del pabellón patrio que se conserva en Bolivia y determinaron el origen del colorante usado.
(Publicado el 20 de junio de 2019)
Investigadores del CONICET en el  Centro de Química Inorgánica “Dr. Pedro J. Aymonino” (CEQUINOR, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) lograron determinar el color original de la denominada Bandera de Macha, una de las dos que dejó ocultas en el actual territorio de Bolivia el Ejército Auxiliar del Alto Perú al mando del general Manuel Belgrano luego de las derrotas en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma en 1813. Los resultados de los estudios espectroscópicos y químicos se publican en la revista ACS Omega y concluyen que el pabellón que se conserva hoy en la Casa de la Libertad de la ciudad boliviana de Sucre –junto a los restos de Juana Azurduy– tenía dos franjas horizontales blancas y una central de color azul índigo. El trabajo se encuadra en la nueva rama denominada espectrohistoria, que ayuda a desentrañar controversias de carácter histórico en base al rigor científico, y cuenta con un antecedente reciente cuando en 2017 el mismo equipo de expertos en colaboración con colegas de Brasil pudo establecer que la bandera ordenada en 1814 por Bernabé Aráoz, primer gobernador intendente de Tucumán y síndico del Templo de San Francisco de esa provincia, era blanca y azul de ultramar.

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17 de junio - Día Mundial de Lucha contra la Desertificación

17 de junio - Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía
Investigadora del CONICET entre los autores principales del Atlas Mundial de la Desertificación
Se trata de Elena Abraham. El documento contó con la participación de profesionales de todo el mundo especializados en el estudio de las zonas áridas.
(Publicado el 14 de junio de 2019)  Por Leonardo Fernandez- CCT Mendoza
La tercera edición del Atlas Mundial de la Desertificación (WAD3, por sus siglas en inglés) fue publicada luego de casi veinte años de la segunda edición. El atlas, que es una evaluación exhaustiva de la situación de degradación de la tierra a nivel internacional y fue elaborada por científicos de todo el planeta y coordinada por el Joint Research Center (JRC) de la Comunidad Europea, cuenta con una investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) entre sus autores.

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